Pensar distinto, pensar de(s)colonial es una compilación de seis ensayos que, desde el llamado “giro decolonial” latinoamericano, examinan las tensiones entre universalismo y particularismo, colonialidad del saber y del poder, interculturalidad y proyectos políticos de transformación social. El volumen reúne a Santiago Castro-Gómez, Nicolás Panotto, Rebeca Gregson y José Romero Losacco, Juan José Bautista S., Catherine Walsh y Carlos Andrés Duque Acosta, autores representativos de distintas corrientes dentro del pensamiento decolonial (modernidad/colonialidad, filosofía de la liberación, teoría poscolonial y crítica marxista), lo que otorga a la obra un carácter deliberadamente plural y, en ocasiones, contradictorio entre sí.
Síntesis de los ejes argumentales
Castro-Gómez abre el volumen cuestionando la deriva “abyayalista” de ciertos sectores del pensamiento decolonial, que identifican al universalismo con el eurocentrismo y proponen, en consecuencia, el repliegue en particularismos culturales puros. Apoyándose en Laclau, Rancière y Žižek, el autor sostiene que la identidad cultural no es una esencia previa a las relaciones de poder, sino su cristalización histórica, y que una política emancipatoria no puede renunciar al gesto de universalización de intereses: la lucha decolonial eficaz no niega lo universal, sino que lo “llena” con los contenidos particulares históricamente excluidos (los “sin parte”). Retomando a Dussel, propone la noción de transmodernidad como superación crítica —no como negación— de la modernidad, y advierte contra el riesgo de un “subalternismo” que idealiza la comunidad ancestral y abandona instituciones modernas (ciencia, Estado de derecho, democracia, crítica) que, bien resignificadas, siguen siendo necesarias.
Panotto profundiza la crítica epistemológica, caracterizando la “colonialidad del saber” como el dispositivo que legitima la racionalidad eurocéntrica como único parámetro de verdad, y revisa los aportes de Quijano, Mignolo, Walsh, Sousa Santos y Spivak para proponer una “epistemología decolonial” fundada en el pensamiento-otro: transdisciplinaria, situada, no dicotómica entre teoría y praxis, y orientada a descolonizar tanto al intelectual como a la institución universitaria (la “universidad rizomática”).
Gregson y Romero Losacco aplican estas categorías al caso venezolano, describiendo la Revolución Bolivariana como atrapada en una “cárcel epistémico-existencial”: la persistencia de la matriz moderno/colonial —la “cultura del petróleo” y el “Estado mágico”— que redujo el horizonte emancipador a políticas de inclusión asociadas al consumo, en tensión permanente con las políticas de participación popular y comunal. Los autores identifican en la construcción del Poder Popular (consejos comunales, comunas, leyes del Poder Popular) una vía posible, aunque inconclusa, para “fugarse” de esa cárcel.
Bautista radicaliza la crítica al marxismo del siglo XX por no haber sometido a crítica el fundamento cultural moderno-eurocéntrico de la propia noción de “sociedad”, proponiendo pensar el tránsito hacia una “comunidad transmoderna” que recupere la racionalidad de las formas comunitarias de vida previas a 1492, no como retorno nostálgico sino como fundamento de un nuevo tipo de producción-consumo no depredador.
Walsh, la voz más directamente pertinente para los estudios de interculturalidad, distingue la interculturalidad crítica “desde abajo” —construida por organizaciones indígenas y afrodescendientes como proyecto político transformador ligado indisolublemente a la decolonialidad— de su cooptación “desde arriba” por Estados y organismos multilaterales, que la reducen a política de reconocimiento étnico funcional al orden existente. Desde un registro testimonial y situado en Abya Yala, denuncia el recrudecimiento de la violencia patriarcal, extractivista y feminicida sobre cuerpos y territorios, y propone las nociones de “grietas” y “siembras” como metodología pedagógica de resistencia, reexistencia y construcción de mundos otros.
Cierra el libro Duque Acosta con una relectura elogiosa de Revoluciones sin sujeto de Castro-Gómez, en diálogo con Žižek, Laclau y Dussel, defendiendo una síntesis entre la dimensión institucional-estatal (potestas) y la constituyente-social (potencia) bajo la fórmula dusseliana “mandar obedeciendo y desobedecer mandando”, como concepción emancipatoria de democracia radical, populista y transmoderna.
Conclusiones críticas
La obra tiene el mérito de exhibir la heterogeneidad interna del pensamiento decolonial latinoamericano, evitando presentarlo como bloque monolítico: la tensión entre las posiciones “abyayalistas” o subalternistas (más cercanas a Walsh y Bautista) y las posiciones que reivindican una universalidad concreta y una transmodernidad institucional (Castro-Gómez, Duque Acosta) constituye, de hecho, el verdadero hilo conductor del volumen, más allá de la aparente unidad de un “giro decolonial” compartido. Esta pluralidad es una fortaleza pedagógica, pues permite al lector de posgrado calibrar críticamente las distintas escuelas en lugar de recibir una doctrina cerrada.
No obstante, cabe señalar limitaciones. Primero, persiste una tensión no resuelta entre la defensa de la interculturalidad y la diversidad epistémica “desde abajo” y el uso reiterado, para argumentarla, de un aparato conceptual predominantemente europeo (Foucault, Derrida, Lacan, Deleuze, Žižek, Laclau), lo que reactiva la pregunta —que el propio libro reconoce sin resolver del todo— sobre la posibilidad real de un “desprendimiento” epistémico completo respecto de la matriz que se pretende superar. Segundo, la aplicación del marco decolonial al caso venezolano (Gregson y Romero Losacco) resulta valiosa como estudio de caso, pero su cercanía política con el proceso bolivariano introduce un sesgo apologético que dificulta una evaluación más distanciada de los límites autoritarios y extractivistas del propio “Estado mágico” que se describe. Tercero, el capítulo de Duque Acosta, en tanto reseña extensa y celebratoria de la obra de Castro-Gómez, aporta síntesis útil pero reduce el pluralismo crítico que caracteriza al resto del volumen. Finalmente, para un lector interesado específicamente en inclusión, diversidad e interculturalidad, el aporte más sustantivo y mejor logrado es el de Catherine Walsh, cuya distinción entre interculturalidad crítica “desde abajo” e interculturalidad funcional “desde arriba” ofrece una herramienta analítica de gran utilidad para evaluar políticas públicas educativas y de reconocimiento étnico en la región, más allá de su tono marcadamente testimonial y militante, que en ciertos pasajes antepone la denuncia política a la sistematicidad conceptual.
En síntesis, Pensar distinto, pensar de(s)colonial constituye un aporte relevante para repensar críticamente las categorías de inclusión, diversidad e interculturalidad desde América Latina, siempre que se lea no como programa unificado sino como campo de disputa interna dentro del propio pensamiento decolonial, cuyo principal desafío pendiente sigue siendo articular la crítica epistémica con propuestas institucionales viables que no reproduzcan, bajo nuevas retóricas, las jerarquías de poder que dicen combatir.




