1. Contextualización de la obra
Estimados y estimadas:
La (Des)educación reúne ensayos y diálogos del lingüista y filósofo político Noam Chomsky en torno a la función política del sistema escolar en las llamadas democracias occidentales, con especial énfasis en los Estados Unidos. Editado e introducido por Donaldo Macedo, el volumen articula una crítica radical a los modos en que la escuela reproduce las estructuras hegemónicas de poder, en lugar de constituirse en espacio emancipador. La obra dialoga con referentes de la pedagogía crítica como Paulo Freire, Henry Giroux y Edward Said, y resulta particularmente relevante para los estudios sobre inclusión educativa, diversidad e interculturalidad.
2. Tesis central: la escuela como dispositivo de control
La hipótesis central del texto sostiene que el sistema educativo, lejos de cultivar el pensamiento crítico e independiente, opera como instrumento de adoctrinamiento al servicio del orden socioeconómico dominante. Chomsky acuña el concepto de deseducación para referirse al proceso sistemático mediante el cual la escuela despoja a los sujetos de su capacidad reflexiva, sustituyendo el análisis crítico por la memorización acrítica de contenidos preestablecidos. En este modelo —al que el autor denomina educación colonial— el docente queda reducido a un técnico transmisor de saberes legitimados por el poder, privado de su dimensión intelectual. La Comisión Trilateral, citada extensamente por Chomsky y Macedo, es presentada como paradigma de esta instrumentalización institucional: concibió explícitamente las escuelas como centros de adoctrinamiento destinados a contener el "exceso de democracia" emergente en los movimientos sociales de los años sesenta y setenta.
3. Educación, exclusión e inclusión: una lectura desde la diversidad
Desde una perspectiva de inclusión, la obra adquiere una potencia analítica especialmente relevante. Chomsky denuncia que el currículo escolar omite sistemáticamente las experiencias, historias y epistemologías de los grupos subalternizados: pueblos originarios, comunidades afrodescendientes, mujeres y colectivos racializados. Esta omisión no es accidental sino estructural: responde a la necesidad del sistema de reproducir una narrativa hegemónica que naturaliza las desigualdades existentes. En palabras del autor, enseñar la verdad sobre las violaciones históricas de los derechos humanos —incluyendo el genocidio indígena, la esclavitud o la discriminación sistémica— representaría una amenaza para el orden doctrinal. Así, la deseducación opera también como mecanismo de exclusión epistémica: silencia los saberes situados y legitima únicamente el conocimiento producido desde los centros de poder.
Esta dimensión conecta directamente con los debates contemporáneos sobre educación intercultural e inclusiva. El modelo chomskiano de "educación para la libertad" —sustentado en el diálogo horizontal, el descubrimiento autónomo de la verdad y el análisis de las estructuras sociopolíticas— converge con los principios de una pedagogía inclusiva que no se limita a incorporar a los excluidos en un sistema invariado, sino que transforma las condiciones epistémicas, relacionales y curriculares de la escolarización.
4. El rol del docente como intelectual transformador
Uno de los aportes más sugerentes de la obra para la formación docente es la distinción entre el maestro como "comisario cultural" —que reproduce acríticamente el sistema doctrinal a cambio de las recompensas que éste ofrece— y el maestro como intelectual genuino, comprometido con la búsqueda y difusión de la verdad. Chomsky exige a los educadores que abandonen la complicidad con la tecnocracia desintelectualizadora y asuman un rol activo en la denuncia de la hipocresía, la injusticia social y la exclusión. Este planteamiento resuena con la propuesta freiriana del educador-educando, que aprende junto a sus estudiantes en una relación dialógica, en lugar de imponer un saber predeterminado. En términos de inclusión, esto implica reconocer las identidades, trayectorias y conocimientos previos del estudiantado como punto de partida legítimo del proceso pedagógico.
5. Conclusiones
La (Des)educación de Chomsky configura un diagnóstico vigente y desafiante del sistema escolar como aparato ideológico. Desde la mirada de los estudios sobre inclusión, la obra permite articular al menos tres conclusiones de relevancia para la práctica educativa contemporánea.
Primera: la inclusión educativa auténtica exige una transformación curricular que visibilice y legitime los saberes de los grupos históricamente marginados, superando el enfoque asimilacionista que incorpora la diferencia sin cuestionar la norma dominante.
Segunda: la formación docente debe recuperar la dimensión intelectual y crítica de la profesión, resistiendo la reducción tecnocrática que convierte al maestro en ejecutor de procedimientos estandarizados. Un docente que no reflexiona sobre las estructuras de poder que atraviesan su práctica difícilmente podrá construir aulas inclusivas.
Tercera: la pedagogía crítica que Chomsky propugna —donde los estudiantes no son meros receptores de conocimiento sino agentes activos en la construcción de sentido— constituye una condición de posibilidad para una educación verdaderamente democrática e inclusiva. En este horizonte, la escuela deja de ser un dispositivo de domesticación para convertirse en un espacio de ciudadanía crítica, donde la diversidad no es tolerada sino reconocida como fuente de riqueza epistémica y social.
En definitiva, la obra ofrece un marco conceptual imprescindible para quienes trabajan en el campo de la educación inclusiva: nos recuerda que no basta con adaptar el sistema existente para que acepte a los excluidos, sino que es necesario transformar las bases ideológicas, curriculares y relacionales sobre las que ese sistema se asienta.
Todo el crédito para Lectulandia, quienes encuentran pinchando arriba de las presentes líneas
